La certificación FSC, 25 años construyendo el manejo forestal sostenible

Hoy 26 de septiembre, se sigue celebrando la semana del clima en Nueva York y en muchos lugares del mundo. La invitación de la ONU ha sido de proponer soluciones concretas ante el desafío global del cambio climático. Otros, como los jóvenes en huelga contra el clima, han propuesto ampliar ésta reflexión hacia la degradación de los ecosistemas y la pérdida de la biodiversidad. En todos los casos, se hace un llamado a actuar y a brindar soluciones.

Abraham González, presidente del comisariado ejidal de Noh Bec en su discurso ante la asamblea FSC.

Es en este contexto, donde la agenda ambiental está al fin en el centro de la atención mediática, y se llevó a cabo en la Península de Yucatán la celebración de una solución concreta: El manejo sostenible de los bosques y selvas a través de la certificación forestal. 

Reunidos en el estado de Quintana Roo, donde se produce la mayor parte de la madera tropical del país, miembros de la comunidad Forest Stewardship Council (FSC por sus siglas en inglés) provenientes de los 5 continentes, celebraron el 25 aniversario de esta iniciativa. El escoger a México como sede para celebrar este hito tiene un significado especial. Primero porque la propuesta de certificación de buen manejo forestal tuvo su primera sede en este país, en el estado de Oaxaca. Segundo, porque la primera comunidad en recibir este sello internacional, que garantiza no solamente la sostenibilidad del manejo, sino los beneficios sociales y ambientales, fue justamente en Quintana Roo, en un ejido llamado Noh Bec.

Participantes de los estados de Quintana Roo y Campeche durante la celebración de los 25 años del Forest Stewardship Council (FSC).
Vista aérea de la selva de Noh Bec. Imagen por Omar Hernández Carmona.

El PPD se unió a esta celebración, junto con las comunidades locales de la Península de Yucatán, que han decidido mejorar sus formas de manejar la selva, de conservar y monitorear su biodiversidad y de cuidar la seguridad laboral de los trabajadores, entre otros elementos, y así lograr la certificación FSC. Pero, ¿cómo el manejo forestal comunitario se puede considerar una solución a la crisis climática? La respuesta viene de la voz de los presidentes de los comisariados ejidales presentes en el evento: expresaron el orgullo de tener y mantener ésta certificación, la cual permite visibilizar lo que hacen las comunidades todos los días. Aprovechan árboles con una tala planeada, moderada y limitada a la especies de valor comercial. Generan beneficios económicos, por supuesto, y en muchos casos esos ingresos permiten financiar tanto la salud como la educación de familias enteras.

Pero éstas más de 600,000 hectáreas manejadas por y para las comunidades, son también  los mejores reservorios de biodiversidad y la calidad de los hábitats permite a especies tan emblemáticas como el jaguar o tapir de vivir en amplias áreas forestales. Son además verdaderos pulmones, ya que la madera que se transforma en mueble, duela o artesanía, y almacena el dióxido de carbono removido del aire. Por supuesto, por cada árbol cortado, se restauran decenas de árboles producidos en viveros o mediante regeneración natural, lo cual permite iniciar un  nuevo ciclo de crecimiento que remueve a su vez el bióxido de carbono. Una solución natural al cambio climático con múltiples beneficios. Es, para el caso de la Península de Yucatán, la continuación del manejo histórico, por más de 3,500 años de la selva por la civilización Maya, la cual ha esculpido poco a poco la Selva Maya que conocemos hoy.

Junto con los delegados internacionales, 20 representantes de las comunidades de Quintana Roo y Campeche pudieron asistir al evento, para estrechar la relación con este movimiento global que no deja de crecer, pero también tejer nuevas redes con compradores y empresas que están adoptando este sello en sus políticas de compra. Con ello, el PPD, junto con otras organizaciones como el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sustentable y Rainforest Alliance y los ejidos ya certificados, busca promover una mayor adopción de las prácticas de buen manejo y fomentar la comercialización de los productos certificados. Está solución local a los desafíos globales necesita ser conocida y reconocida por cada vez más actores, y la comunidad FSC global se fijó como meta para los próximos 25 años colaborar de forma estrecha para lograrlo.

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Mejoramiento Participativo de la Milpa como Sistema Agroforestal

José María Morelos, Quintana Roo, septiembre de 2019.

Inicia la entrega de plantas a productoras y productores de ejidos en Quintana Roo que son parte de la Red de Productores de Servicios Ambientales “Ya’ax Sot’ Ot’ Yook’ol Kaab” A.C. (REPSERAM) en José María Morelos.

Vista aérea del vivero del Ejido Puerto Arturo.

Más de 10,000 plantas de ramón, ciricote, caoba, mandarina, naranja dulce y achiote fueron producidas con mucho cuidado en el vivero comunitario del Ejido Puerto Arturo y serán entregadas a productores de la región como parte del proyecto “Mejoramiento Participativo de la Milpa como Sistema Agroforestal” coordinado por el presidente de la Red Miguel Ku Balam.

10,000 plantas de ramón, ciricote, caoba, mandarina, naranja dulce y achiote fueron producidas con mucho cuidado en el vivero comunitario del Ejido Puerto Arturo.

El sistema contempla además la reintroducción de 9 variedades de maíz criollo en las parcelas y una variedad de plantas asociadas, contribuyendo al regreso de la agrobiodiversidad en los suelos profundos del oeste de Quintana Roo.

En la comunidad de Ignacio Altamirano se llevó a cabo la primera siembra. Durante el convivio, las y los campesinos conversaron sobre los efectos del cambio climático, el cual se manifestó este año con falta de lluvia. Consideran que la restauración de los suelos degradados con este sistema, permitirá mejorar la resiliencia al mantener humedad en la parcela. Además, proponen innovar en la metodología de restauración, reproduciendo el  sistema Maya “Pet Pach” en el sistema agroforestal.

Productoras de Quintana Roo aseguran cultivo de Pitahaya ante el cambio climático

La crisis climática que afecta nuestro planeta, tiene consecuencias directas sobre las comunidades mayas de la Península de Yucatán. Tal es el caso de la comunidad de Chumpon, en Quintana Roo, quien sufrió hace un año una inundación atípica. Durante este episodio, 155 familias fueron afectadas por una tromba tan fuerte que el agua empezó a brotar de los pozos de la comunidad, destruyendo pertenencias y casas. Además del terrible daño a las vivienda, los medios de vida de la comunidad fueron severamente afectados, sobre todo los cultivos de pitahaya, fruta que utiliza un grupo de mujeres de Chumpon para producir deliciosas mermeladas que se comercializan en la comunidad y en la zona turística.

Inundación de junio del 2018 en Chumpon. Fuente: Quadrantin Quintana Roo.

Esta dramática situación es una muestra de las afectaciones posibles del cambio climático. Los expertos del IPCC prevén que por la falta de acción de los países para evitarlo, se rebasará en unas décadas el aumento de temperatura de 2 grados. La comunidad maya de Chumpon nos recuerda que los eventos climáticos extremos afectan a mediano plazo los medios de vida de las comunidades y que se necesitan soluciones locales para adaptarse a este fenómeno.

En este contexto, la cooperativa ULU UMIL BEH S. DE R.L. M.I., representada por María Lutgarda Caamal Aban presentó al Programa de Pequeñas Donaciones (PPD), una propuesta para recuperar la fábrica de mermelada de pitahaya y los cultivos asociados.

Mermelada de Pitahaya producido en Chumpon, Quintana Roo, México.

Como todos los proyectos, la cooperativa puso en práctica la metodología de reducción de riesgos de desastre (desarrollada por el Programa de Manejo de Riesgos del PNUD en conjunto con el PPD), para definir las acciones de mitigación de riesgos. La totalidad de los proyectos financiados por el PPD cumplen con tal requisito, con el fin de garantizar el impacto a largo plazo de las donaciones, a la vez que se genera una cultura de la prevención y adaptación a los efectos del cambio climático.

Cuadernillo de trabajo para la reducción de riesgos de desastre utilizado en los talleres de elaboración de propuesta.

La comunidad propuso, con base en las necesidades locales, reconstruir la fábrica de mermelada con un segundo piso para resguardar las máquinas. Asimismo, para los cultivos, propuso adquirir un seguro agropecuario, que cubra a los productores en caso de evento climático extremo como las inundaciones y también las sequías, cada vez más frecuentes en la región.

Este mes de junio, la organización contrató por primera vez un seguro que cubre sus principales riesgos climáticos, para asegurar 29 hectáreas por un año. Este es el primer seguro climático contratado directamente por una comunidad apoyada por el PPD. Vinculado a ello, propusieron transitar hacia un manejo agroecológico de sus cultivos, perspectiva que ha demostrado contribuir al aumento de la capacidad de resiliencia de los agroecosistemas*.

Socias de la cooperativa ULU UMIL BEH, Chumpon, Quintana Roo

El conjunto de este tipo de prácticas constituye un modelo de trabajo viable para las campesinas y campesinos del sureste mexicano, región particularmente vulnerable ante la crisis climática. Además, innovaciones como esta, que surgen desde las mismas comunidades, abonan a las experiencias e información para porponer soluciones locales antes desafíos globales, que puede compartirse entre las decenas de organizaciones regionales que enfrentan la misma lucha.

*Ver por ejemplo el articulo de Miguel Altieri: https://revistas.um.es/agroecologia/article/view/182921

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